sábado, 23 de mayo de 2009

Aprovecha el momento

Fuente de la imagen:desconocida

Aprovecha el momento

Sobre el tiempo
“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”

Diccionario de expresiones y frases latinas

133
Accidit in puncto quod non speratur in anno
Sucede en un momento lo que no se espera que suceda en un año

238
Ad reditum
Hasta la vuelta

373
Aflictis lentae, celeres gaudentibus horae
Para los que están afligidos las horas pasan lentas; pasan
veloces para los que gozan

937
Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae
Breve e irreparable es para todos el tiempo de la vida

1793
Diem perdidi
He perdido el día

1994
Dum loquor hora fugit
Mientras hablo huye el tiempo

3038
Inmortalia ne esperes monet annus et almun quae rapit hora diem
El año y la hora que se lleva el día bienhechor te aconseja que
no esperes cosas inmortales

3897
Magister est prioris posterior dies
El día que sigue enseña al que precede

4454
Nec quae praeterit iterum revocabitur unda/nec quae praeterit
hora redire potest
Ni el agua que pasó volverá a remontar el cauce, ni pueden
volver las horas pretéritas

5193
Omnia aliena sunt:tempus tantum nostrum est
Todas las cosas nos son ajenas: sólo el tiempo es nuestro

6033
Quae fieri necesse est, illa pro tempore fiunt
Lo que ha de suceder, sucederá con el tiempo

6342
Quidquid sub terra est, in apricum proferet aetas, defodiet
condetque nitentia
Todo lo que está bajo la tierra, el tiempo lo sacará a la luz del
sol y enterrará y cubrirá lo que brilla

7188
Solet hora, quod multi anni abstulerunt reddere
Con frecuencia un hora nos devuelve lo que muchos años
nos arrebataron

7479
Tempora mutantur et nos mutamur in illis
Los tiempos cambian y nosotros cambiamos con ellos

7488
Tempus est quaedan pars aeternitatis
El tiempo es cierta parte de la eternidad

7490
Tempus fugit
El tiempo huye

7492
Tempus omnia fert, sed et aufert omnia tempus
El tiempo todo lo trae, pero también se lo lleva todo

7580
Transit hora, manent opera
Pasan las horas, quedan los trabajos

Diccionario de expresiones y frases latinas
(Editorial Gredos, segunda edición, mayo de 1985)
Victor-José Herrero Llorente

Sobre el tiempo

Es archiconocida la reflexión de San Agustín sobre el tiempo:

“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”.

Confesiones

(El tiempo en San Agustín
Confesiones XI, 14, 17.
Gemma Muñoz-Alonso López)
San Agustin

La reflexión sobre el tiempo, algo que parece tan sencillo de comprender, alcanza cotas de auténtica locura cuando dejamos el "tiempo sicológico" o el "tiempo social" y nos adentramos en el "tiempo físico". Hay una famosa frase del quizás más grande físico que ha existido, Richard Feynman (nació tarde para descubrir la ley de gravitación o la relatividad), que dice: "Nadie entiende la mecánica cuántica". Lo mismo puede decirse del tiempo.
El tiempo forma parte de las más grandes mentiras y verdades que ha creado la humanidad:en cuanto a las primeras, el antropocentrismo, las leyes de la historia, las religiones; en cuanto a las segundas, la evolución, el sexo y el pastor alemán.
El tiempo forma parte, se mire como se mire, de toda obra literaria. Lo hace de una manera trivial y profunda al mismo tiempo. Igual que el orgasmo, no es necesario explicarlo, pues el lector y el escritor lo perciben instantáneamente en la obra literaria. Hay frases donde el tiempo no figura: "En un lugar de la Mancha", para irrumpir de lleno en la siguiente: "de cuyo nombre no quiero acordarme".Se puede escribir un texto literario sin intervención del tiempo, una guía de teléfonos, inmersa en una novela, es un ejemplo.
Todos los seres vivos y una novela lo es, están relacionados de una u otra forma con el tiempo, a veces se dice que los animales no tienen conciencia de la muerte, que para los humanos es la expresión máxima del tiempo y de ello se deriva que no tienen conciencia del tiempo, lo cual es una temeridad, mi perro guarda comida en el jardín y la busca al cabo de una semana. Toda obra literaria está recorrida por el tiempo y de una manera tan mimética con el paisaje literario, que al transitar por él no lo percibimos, pero si desapareciese sentiríamos la misma sensación que si nos quitasen el aire.

Luis Markhos

Sobre San Agustín y el tiempo
Sobre San Agustín

sábado, 16 de mayo de 2009

"No habrá más remedio que aprender el valor y el precio de las cosas"

Fuente:www.usgs.gov.Photo de Lori Oberhofer, National Park Service.
IDA Y VUELTA
Pitones de Birmania
Verídica o inventada una buena historia se impone sobre nosotros con la inmediatez de un relámpago, y una vez sumergidos en ella ya no querremos salir hasta saber su desenlace. Tendría que haberme puesto a trabajar en algo muy urgente y he perdido la mitad de la tarde porque he empezado a leer con desgana una historia y ya no he podido dejar de seguirla hasta el fin, quedándome con la imaginación sobresaltada por imágenes de bandadas de monos que invaden la gasolinera en una autopista y de serpientes gigantes de la jungla que avanzan sinuosamente por el césped de un jardín suburbano. Me he puesto a hojear un número reciente de The New Yorker y antes de que me diera cuenta y de que se despertara automáticamente mi mala conciencia laboral ya estaba echado en un sillón, dedicado a leer uno de esos artículos larguísimos de la revista en vez de hacer mi trabajo. He empezado porque me intrigaba el dibujo: un hombre en camiseta y bermudas riega su jardín mientras en los árboles cercanos acechan serpientes, iguanas gigantes, reptiles que parecen prehistóricos, gusanos de muchas patas. El artículo, escrito por Burkhard Bilger, parece una historia de JG Ballard, pero es un reportaje sobre las especies animales exóticas que están invadiendo Florida, especialmente la llamada, de manera inquietante, pitón birmana, que en estado adulto puede medir casi siete metros y pesar unos cien kilos, y que se puso improbablemente de moda como mascota hacia los años noventa. Por culpa de un huracán, en 1992, muchos animales salvajes escaparon del Zoo de Miami y de un almacén clandestino de reptiles tropicales dispuestos para la venta en el mercado negro. Muchos de ellos murieron de hambre o fueron atropellados. Un antílope asustado y solemne apareció en el vestíbulo de un edificio oficial. Monos turbulentos y voraces de Cachemira asaltaban los supermercados de las gasolineras o se entregaban a comilonas devastadoras en los invernaderos de tomates. Sólo mucho más tarde empezó a sospecharse que el problema más serio eran las pitones birmanas. Son capaces de tragarse vivo un caimán entero. Se comen una grulla y siguen digiriéndola mientras el animal moribundo les atraviesa los intestinos con el pico. No hay depredadores que puedan enfrentarse a ellas y nadie sabe calcular por ahora cuál es su número ni a qué velocidad se reproducen. El calentamiento global favorece la extensión de su territorio hacia el norte. Hacia finales de este siglo, si las temperaturas siguen subiendo, pueden llegar a Nueva York.
El reportaje ocupa nueve páginas de letra tupida de la revista, alguna de ellas sin ninguna distracción gráfica. Pero no sólo disfruto de la lectura: también de la tipografía tan característica, del tacto grato y familiar del papel. Al cabo de tantos años como llevo suscrito a ella, se ha convertido en uno de los hábitos más gustosos de mi vida de lector, y siempre me da tristeza desprenderme de un ejemplar. Claro que puedo consultarla en Internet, y que hay un estuche de cedés en el que están almacenados todos los millones de páginas de la revista desde su fundación en 1925. Pero no aspiro a tanto. Me da alegría cada vez que encuentro un número en el buzón. Me ha educado, me ha hecho compañía, me ha enseñado una cierta manera de leer y de escribir, de hacer literatura de periódico.
He tardado algo más de una hora en leer ese artículo sobre la fauna apocalíptica de Florida. Me pregunto cuánto tiempo tardaría en escribirlo Burkhard Bilger, cuántas semanas pasó en Florida, recorriendo pantanos en busca de caimanes y de pitones birmanas, conversando con biólogos, con cazadores de serpientes. Y también pienso en los editores que comprobaron la escritura y la veracidad de cada uno de los datos y la ortografía de los nombres, y en el dibujante magnífico que hizo esa ilustración sin la cual yo no me habría sentido tentado a leer la historia: tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanto trabajo tan bien hecho, ¿quién puede medir su dificultad, la compensación justa que requiere para cada uno de los que han intervenido en él, todos los cuales han sido necesarios para que yo aprenda y disfrute tanto, postergando para más tarde mi propia escritura?
En los embarullados debates españoles sobre el porvenir del periodismo y la al parecer progresista gratuidad universal de los bienes culturales que propicia Internet tiende a olvidarse algo: la lentitud y la constancia del esfuerzo que requiere cualquier logro valioso; las horas, los días, los meses y años de trabajo, entregados siempre con una mezcla de obligación y devoción, por puro gusto de hacer algo que uno ama y también con la aspiración de ganarse dignamente la vida. Nada valioso ha surgido por casualidad ni por un juego de manos; todo lo que es más necesario, lo más elemental, lo que más damos por supuesto, lo que parece que nos viene dado con tal automatismo que ni le prestamos atención, es el resultado de un tesón que a veces ha venido prolongándose durante generaciones, pero que si se descuida se podría perder casi de un día para otro.
Estas ideas parecen tan vulgares que hasta da un poco de vergüenza enunciarlas. Hay un dicho inglés que las resume con un laconismo admirable, aunque también algo antipático: There is no free lunch. Aunque a veces pueda parecerlo, no hay almuerzo gratis. Todo cuesta, todo ha de pagarse de algún modo, ha de pagarlo alguien. La falta de respeto a los derechos de quien escribe, inventa, compone, interpreta cosas, es universal, pero en España yo creo que se acentúa más a causa de ciertas peculiaridades de nuestra democracia. La chusma política ha preferido halagar las formas más bajas de narcisismo en vez de la conciencia adulta de ciudadanía porque la demagogia es más rentable a corto plazo que la racionalidad. La educación, en vez de a alentar el desarrollo de las mejores capacidades de cada persona, ha consistido en boberío pedagógico mezclado con adoctrinamiento identitario. A un ignorante se le manipula con más comodidad que a una persona cultivada. En ninguna parte se ha explicado ni se explica que cada uno de los derechos que disfrutamos es una conquista que ha costado mucho y que es difícil y cara de sostener, y que puede igualmente perderse. Si se recibe algo, de algún modo hay que corresponder. Durante unos cuantos años hemos vivido en un delirio de gratuidad y de holganza que se sostenía sobre la pura nada, sobre los frutos de la especulación, el despilfarro clientelar de los sinvergüenzas de la política, pero aunque continúe por ahora la mascarada el despertar a la realidad ya está siendo muy amargo.
No habrá más remedio que aprender el valor y el precio de las cosas. Habrá que entregarse a la devoción por el propio trabajo y al reconocimiento del mérito de lo que hacen otros. Una buena revista no aparece por milagro en el buzón de un suscriptor o en el anaquel de una biblioteca pública. En vez de tanta palabrería, tanta chapuza, tanta excusa, cada uno tendrá que hacer muy bien algo, algo útil y sólido, combatir la multiplicación de las pitones de Birmania o escribir sobre ellas.

Pitones de Birmania
(EL PAÍS Babelia 16.05.09, Pág. 7)
Antonio Muñoz Molina

"No habrá más remedio que aprender el valor y el precio de las cosas"
Este excelente artículo de Antonio Muñoz Molina en Babelia, coincide con una reflexión que creo la tienen muchísimas personas del mundo de los blogs literarios (que es el que nos ocupa). Nunca hasta ahora tantos esfuerzos, trabajos y atenciones se habían dispensado de forma "gratuita" al lector o al paseante ocasional de los blogs. Muñoz Molina lo expresa muy bien:

"En los embarullados debates españoles sobre el porvenir del periodismo y la al parecer progresista gratuidad universal de los bienes culturales que propicia Internet tiende a olvidarse algo: la lentitud y la constancia del esfuerzo que requiere cualquier logro valioso; las horas, los días, los meses y años de trabajo, entregados siempre con una mezcla de obligación y devoción, por puro gusto de hacer algo que uno ama y también con la aspiración de ganarse dignamente la vida. Nada valioso ha surgido por casualidad ni por un juego de manos; todo lo que es más necesario, lo más elemental, lo que más damos por supuesto, lo que parece que nos viene dado con tal automatismo que ni le prestamos atención, es el resultado de un tesón que a veces ha venido prolongándose durante generaciones, pero que si se descuida se podría perder casi de un día para otro."

Las cosas pueden perderse de un día para otro, basta echar una mirada a los maravillosos blogs abandonados quién sabe por qué causas que ya no arrojarán nueva luz. Si la causa de que hayan sido abandonados es por nuestra "dejadez", por no saber apreciar lo que tenemos, lo que nos dan sin esfuerzo por nuestra parte, si es así, somos unos auténticos idiotas, unos desagradecidos, que no nos merecemos ni siquiera el nombre, que quizá pomposamente nos hemos puesto, de humanos, pues ni somos comprensivos ni sensibles al esfuerzo que realizan con generosidad inconcebible, tantos y tantos, del mundo que nos ocupa, escritores de blogs literarios.

Luis Markhos

El artículo en EL PAÍS.com. Babelia.
Un resumen del artículo citado por Muñoz Molina, en el The New Yorker
Sobre el problema de las pitones

domingo, 10 de mayo de 2009

Del escribir

María Zambrano. Fuente:Centro Virtual Cervantes
Las palabras del regreso
VI
Del escribir
La diferencia específica del escritor es difícil de establecer, sobre todo con respecto a lo que parece ser su género próximo, el filósofo. Pues que ningún filosofo se ha realizado como tal sin ser un gran escritor. Ninguna obra clásica de filosofía deja de ser al mismo tiempo, y se diría que por esencia y no por añadidura, una obra literaria de primer orden. Tanto es así que en algunos casos hay obras filosóficas, como, por ejemplo, El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer, que han actuado mayormente por su virtud literaria que por su contenido filosófico, llegando incluso a ser ensombrecida esa su sustancia filosófica hasta hacerse imperceptible. Era literatura, se decía por algunos serios profesores de Filosofía, y por ello estas obras han sido consideradas una especie de parafilosofía. Irónicamente, suele llegar el momento en que el rigor y la precisión propios del pensamiento filosófico se revelen y salten a la vista precisamente a través de la misma belleza literaria de la obra en cuestión, que no es sino la belleza del puro pensamiento.
El terror al pensamiento y el prejuicio contra la belleza que el propio pensamiento puede tener se aúnan, logrando sucesos tales como el que un texto que contenga un cierto descubrimiento filosófico expresado sin una forma lograda, como acontece con todo descubrimiento, sea considerado un espléndido escrito literario. Y así se da rienda suelta al doble maleficio que condena al pensamiento y a la belleza, pues que así se menosprecia aquel descubrimiento a medias logrado, impidiéndolo crecer, mientras que se confunde la belleza literaria con lo que puede ser estrechez de forma o también la ampulosidad de una ya usada retórica.
La belleza de la escritura de Platón hace que los humanistas del Renacimiento le leyeran como si de uno de ellos se tratara. Los huesos mismos de la filosofía aparecen, de esta manera y de algunas otras, sustraídos a todo esfuerzo del pensar, cuando en verdad han sido la mayor parte de ellos, y especialmente los de Platón, dados a luz agónicamente, conflictivamente que se diría hoy. Pero su belleza se la convierte en simple virtud placentera. Para un humanista, leer a Platón es un placer, no un penar, cuando para un aspirante a filósofo es un penar, un entender lo imposible de entender, un vencer, si se llega, la imposibilidad del filosofar en el hombre. Ese filosofar que aparece como mediador entre el himno entusiasta y aun la danza dionisiaca; entre el delirio, pues, y la razón. No podría lograrse tal condición sin consumar lo esencial del delirio, y aun en ciertos casos geniales de la danza, sin el entusiasmo en que la razón sin perderse se enciende. Y esto, cuando se logra, es obra del escritor. El escritor es así el verdadero, mediador, invisible a veces, como con tantas obras especies de mediadores sucede, y con el riesgo de interponerse, ocultando en vez de mostrar, es decir, de entusiasmarse consigo mismo, apareciendo entonces el escritor como un artificio y caricatura de su ser verdadero y de la necesidad que pide que tales mediadores existan. Una ciudad sin escritores queda vaciada de su esencia de ciudad, y aparece como un complejo aglomerado, como algo que puede cambiarse, trasmutarse o desaparecer sin que su vacío se note. Una ciudad sin escritor es un templo vacío, una plaza sin centro, o quizá con el centro desplazado y puesto al margen, esquinado, para dejar su lugar, todo el lugar, a algo cuyo nombre no está siquiera bien catalogado, algo para lo que, en realidad, no hay palabra. Residuos, pues, alogoi, fuera del logos, sin posible nombre; residuos que hacen imposible la imagen de centro y círculo.
Mas el escritor como tal ha existido, y en forma necesaria, a partir de ciertos períodos de la vida europea. Hasta se podría decir que el escritor haya sido uno de los actores esenciales del vivir europeo, y que la decadencia de su función sea debida a la disolución, o disgregación que parece ir en creciente, de la especificidad de Europa, de la pérdida de su identidad y de su cambiante figura dentro de la unidad. El escritor ha sido, pues, el espejo de Europa. Espejo de un sentido activo, pues que no se conformaba con reflejar la imagen, sino con crearla y recrearla una y otra vez. Ya que la unidad de Europa es una inédita e insólita forma de unidad en la historia, que ha ido naciendo originariamente, y no sin gloria, en los llamados siglos oscuros, en la Edad Media. Pasadas las catacumbas cristianas y en libertad el cristianismo, que mejor sería que hubiera sido cristiandad, aparece una forma de unidad distinta radicalmente de la del Imperio romano, sin que por ello sea simple producto de su llamada decadencia. No, Europa no ha nacido de decadencia alguna, sino que se ha ido haciendo a sí misma, en pluralidad y unidad.
Se trata de una historia nueva, y el tránsito -crisis se le ha llamado también- que origina esa realidad llamada Europa es lo que ha hecho posible y necesario a eso que se llama el escritor. Nace, pues, el escritor ya con san Agustín, padre de Europa, aunque no fuera más que por esto, por ser un genial escritor. Y tan por la crisis estaba engendrado este ser escritor que aparece en san Agustín como producto de la crisis de su propio ser, de su metamorfosis, que no se hubiera logrado tal como se logró si él no se arranca su propio velo, ese velo de la verdad en filosofía; es decir, si no practica el filosofar consigo mismo, no sobre sí o sobre otra cosa, sino con su propio ser, con todo él; si no se ofrece en pasto a la verdad, cosa que solamente pudo ostensiblemente hacer en tanto que escritor. No es una búsqueda de sí mismo ni un mostrarse a sí mismo, sino de extraer su propio corazón y ofrecerlo como únicamente puede ser ofrecido el corazón, en llamas. El escritor nace así más allá del pudor y de la contención estoica, que él, Agustín, tan bien se sabía. Incluso nace más allá del plotinismo, del amor y de la contemplación del uno y de sí mismo convertido en objeto del mundo inteligible. Sabidas son, pero han de ser rememoradas como hito de la filosofía, la pulcritud, precisión y transparencia inigulables del pensamiento de Plotino. Mas la transparencia que ofrece Agustín es la de su propio corazón: "He aquí mi corazón, Señor, como es de transparente". ¿Será, pues, que la seducción del escritor proceda del corazón que se ofrece en llamas, y a veces es pálido reflejo, movedizo también, como en las confesiones de Jean-Jacques Rousseau? Si esto es el escritor, ello es específico de Europa, este arder, este ardor, este haber de echarse a la hoguera, llamando a que alguien, que no es individual, a ese personaje nuevo que es el lector, a que se lance con él, a que al menos le vea como arde y sienta la tentación de arder también él, el lector.
Bien europea es la leyenda de Tristán e Isolda, que beben juntos el elixir de amor que sin duda ellos sabían, aunque el narrador lo cele, que era de muerte también. Este trueque presentado como debido al azar era el secreto, era la verdad del amor. ¿Y no es también una figura del escritor la de Tristán adentrándose en la mar sin confines, en lo desconocido, sólo con su violín?
¿Es acaso la soledad la que hace nacer al escritor, la llama que mueve esa barca en la que él va, y la barca misma, no es la barca de su soledad? Así como el filósofo Diógenes encontró su casa en la clásica vasija vaciada del vino de la embriaguez que había contenido, llenando con su figura entera aquel vacío, dando la cara en la calle impasiblemente desde esa su impar morada. La barca cáscara de alguna fruta invulnerable y rebosante de un jugo ya desconocido, la barca que sostiene como resto frágil de ese fruto primero irreconocible que mantiene la vida de un alguien en su íntima soledad, en su peregrinar en busca del amor. Y el violín con el que tal viajero cuenta en su viaje a lo más remoto e íntimo y viviente, hacia su propio corazón. ¿No es acaso la pluma del verdadero escritor? El que tiene que escribir rompiendo el silencio, buscando, que si no otras criaturas, el cielo, los mares, los elementos entre los que va confundido, aunque confiado, sin brújula. Los elementos, que son lo único que le ha quedado, escucharán su canto quizá, ellos, su gemido, su clamor.
Pues que el escritor, el verdadero escritor, es el que a solas clama a los cielos, el que se arriesga, porque de ello tiene el mandato: un mandato de expresar, y en la forma más indeleble posible, aquello que clama a los cielos. Y este es el escritor. El filósofo no clama, no se arriesga en el piélago insondable. Diógenes con su tonel estaba en una ciudad. Filosofar, pues, debe ser cosa muy esencial para la ciudad, para que la haya. El escritor es imprescindible para que aún aquello que en la ciudad ocurra, y clame al cielo, no se quede oculto bajo el silencio opaco, para que salte clamando a los cielos, y si fuera así, el escritor sería el corazón de la ciudad, su centro, el único que podría rescatar a la ciudad de haber sido desposeída de su centro, allanada en verdad.

Las palabras del regreso
(Edición de Mercedes Gómez Blesa)
(El País,Madrid, 16 de junio de 1985, pág.13)
María Zambrano

Escritura y ciudad
María Zambrano es una formidable escritora y su escribir es un espejo en el que mirarse y atusar el pelo, peinar los rizos, depilar las cejas, arreglarse para los demás y para uno mismo. Arreglarse para la ciudad de las letras. La cadencia de los cortes y las pausas en su escritura, resuena como un tam-tam... urbano. Las palabras se oyen alejadas de lo cotidiano y su fuerza atrayente se nutre de un pensamiento original. Este articulo publicado en El País en junio de 1985, y recogido en Las palabras del regreso, hay que leerlo y releerlo, en él está la esencia del escritor.

Luis Markhos

María Zambrano en la Wikipedia
María Zambrano en CVC
El artículo en El País
Adquirir Las palabras del regreso
Fragmentos de textos en Ítaca:
Del escribir,
El libro ser viviente,
Por qué se escribe,
Diótima de Mantinea.

viernes, 1 de mayo de 2009

Oh mira, todos los nueves se transforman en el millar siguiente

Natalie Portman en "Leon el profesional".Fuente:allmoviephoto.com. Derechos de Columbia Pictures

Lolita
PART TWO
18
......
"What did that man ask you, Lol?"
"Man? Oh, that man. Oh yes. Oh, I don't know. He wondered if I had a map. Lost his way, I guess."
We drove on, and I said:
"Now listen, Lo. I do not know whether you are lying or not, and I do not know whether you are insane or not, and I do not care for the moment; but that person has been following us all day, and his car was at the motel yesterday, and I think he is a cop. You know perfectly well what will happen and where you will go if the police find out about things. Now I want to know exactly what he said to you and what you told him."
She laughed.
"If he's really a cop," she said shrilly but not illogically, "the worst thing we could do, would be to show him we are scared. Ignore him, Dad."
"Did he ask where we were going?"
"Oh, he knows that" (mocking me).
"Anyway," I said, giving up, "I have seen his face now. He is not pretty. He looks exactly like a relative of mine called Trapp."
"Perhaps he is Trapp. If I were you--Oh, look, all the nines are changing into the next thousand. When I was a little kid," she continued unexpectedly, "I used to think they'd stop and go back to nines, if only my mother agreed to put the car in reverse."
It was the first time, I think, she spoke spontaneously of her pre-Humbertian childhood; perhaps, the theatre had taught her that trick; and silently we traveled on, unpursued.

Lolita
Segunda parte
18
......
—¿Qué te ha preguntado ese hombre, Lo?
—¿Qué hombre? Ah, ése... Ah sí.No sé... Me ha preguntado si tenía un mapa. Se ha perdido, supongo.
Cuando volvimos a la carretera, le dije:
—Escúchame, Lo: no sé si me mientes o no, no sé si estás loca o no, y no me importa, por ahora. Pero ese individuo nos ha seguido todo el día, y su automóvil estaba ayer en el motel, y creo que es un policía. Sabes perfectamente bien qué ocurrirá y a dónde irás a parar si la policía descubre ciertas cosas. Ahora dime exactamente qué te ha dicho y qué le has dicho.
Se rió.
—Si es de veras un policía –chilló, con una argumentación que no carecía de lógica–, lo peor que podemos hacer es demostrarle que tenemos miedo. Ignóralo, papá.
—¿Te ha preguntado adonde íbamos?
—Oh, ya lo sabe.
Se burlaba.
—De todos modos, ahora le he visto la cara –dije, para cambiar de tema–. No es guapo. Se parece muchísimo a un pariente mío llamado Trapp.
—Quizás sea Trapp. En tu lugar... Oh mira, todos los nueves se transforman en el millar siguiente. Cuando era pequeña –siguió inesperadamente– creía que los números se detendrían y volverían a ser nueves si mi madre ponía la marcha atrás, pero nunca quiso probarlo.
Era la primera vez, creo, que hablaba espontáneamente de su niñez prehumbertiana. Quizás el teatro le hubiera enseñado aquel ardid. Seguimos viaje en silencio, sin perseguidores.
Lolita
(Traducción de Francesc Roca)
Vladimir Nabokob


Un pedazo de Lolita. Una propina literaria
No me he resistido a "repetir" esta entrada, de una de las "escenas" de la obra en la que se puede admirar el dominio de la narrativa por parte de Nabokov. Basta con hacer un recuento de las mismas situaciones , en las que a diario nos vemos envueltos, en ambos sentidos; a veces como Humbert , a veces como Lolita, y "recibiremos", si pegamos "esta escena" a las de la vida real; una "propina literaria"; que tanto en el papel de "agentes" o "pacientes" de este "autismo de lolita", nos sacará de él reflexivamente. Y poco a poco, veremos que vamos reduciendo el "autismo", al menos en nuestro papel de "agentes". Siempre formalmente, en lo que el Humbert que tengamos delante pueda ver, porque nuestra mente estará en "Lolita". La entrada de Lolita tiene algunos detalles mas sobre este tema.

Luis Markhos